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Mujeres Argentinas en STEAM
23
Jun

“Mi sueño es que lo que hago sea para mejorar la calidad de vida de alguien”

Victoria Peterson, una de las Mujeres Argentinas en STEAM, cuenta cómo las jóvenes del país pueden formar parte de equipos interdisciplinarios y crear soluciones que impacten positivamente en la sociedad.

Texto: Julieta La Casa

Ser mujer, argentina, científica y líder de proyectos que mejoren la calidad de vida de las personas, ¿es una combinación posible? Claro que sí. Se trata de una realidad al alcance de niñas, jóvenes y mujeres que quieran encaminarse en el mundo de la investigación, del trabajo colaborativo y de la creación de soluciones con impacto social. Por ese itinerario transitó Victoria Peterson, bioingeniera y doctora en Ingeniería*, quien continúa con su formación académica y profesional y da testimonio de los múltiples recorridos que la ciencia argentina habilita. “Siempre me dediqué al área de inteligencia artificial (IA) aplicada para la decodificación de la actividad cerebral. Mediante interfaces de computadora, convertimos la actividad cerebral en comandos de control o de comunicación a partir de IA”, cuenta Victoria.

Según datos relevados por Chicas en Tecnología, en las carreras de nivel universitario de Argentina vinculadas a la Ingeniería y a la Informática, las estudiantes mujeres representan menos del 25%, mientras que en el resto de los grupos de carreras son más del 45%. Diversos estudios, como la investigación “Un potencial con barreras”, realizada por la organización junto a INTAL BID, muestran que la falta de referentes mujeres es una de las barreras de acceso a estas disciplinas. Con el objetivo de transformar este contexto, Victoria eligió participar del micrositio Mujeres Argentinas en STEAM, que potencia la voz de creadoras en ciencia y tecnología, para que sus experiencias incentiven a más niñas y mujeres a ser las protagonistas de equipos diversos y de una sociedad más inclusiva.

¿Cuáles fueron tus principales metas como estudiante y como ingeniera?
La meta principal para mí era ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. Mi hermano nació con hipoacusia, entonces entiendo el potencial que los dispositivos médicos tienen en la mejora de la calidad de vida de alguien porque lo viví en carne propia. Lo que yo tenía en claro era que quería hacer algo que ayudara a la sociedad en algún sentido, no sabía qué. Después una encuentra materias afines y eso con lo que te sentís cómoda, que te despierta ganas de querer aprender más. Mi sueño es que lo que hago sea para mejorar la calidad de vida de alguien.

 

¿Qué te gustaría compartir sobre tu experiencia en la carrera de Bioingeniería?
Como bioingeniera estudié mucho Biología, Matemática y Electrónica. Siempre tuve un perfil de ciencias duras, si bien me gustaba dibujar y me encanta decorar, cuando iba a la escuela era fanática de Matemática y Física. Elegí la carrera por las materias que me gustaban y la volvería a elegir. Aprendemos sobre muchos temas y eso nos da una versatilidad fantástica. Yo me dediqué a una de las miles de posibilidades que tiene la Bioingeniería. Tenemos mucha formación de base que nos permite explorar, eso es lo que más me gusta. Ser ingeniera es todo un modo de vida. La investigación es una forma de ser. Somos personas muy metódicas, con una forma particular de ver el mundo. Me di cuenta de eso porque, después de estar durante seis años en la misma carrera, con el mismo lenguaje y con la misma gente, cuando me recibí conocí un mundo distinto, que es el Doctorado. Ahí había bioingenieros, ingenieros de sistemas, informáticos, matemáticos y era muy interesante cómo dos personas mirábamos lo mismo pero desde un punto de vista totalmente distinto. Era claro que nuestro perfil marcaba la toma de decisión sobre ese problema que teníamos que resolver para la clase, por ejemplo. A mí nunca se me hubiesen ocurrido esos otros caminos y eso es lo más lindo de estos ambientes.

 

¿Qué le aporta la diversidad a tu disciplina?
La diversidad le da sabor a cada cosa. La diversidad en cualquier sentido: étnica, de género… Así como yo miraba una cosa y el matemático la miraba de otra manera, esa diversidad, que también es de disciplina, es un ejemplo de cómo algo puede potenciarse y siempre mejora cuando se introducen diferentes grupos. Que haya una población diversa trabajando en conjunto va a hacer que todas las fortalezas de cada uno de esos grupos se potencien, porque todos tenemos fortalezas diferentes. Si no, estamos atacando un problema o dando una solución con una sola perspectiva, porque fue pensado, por ejemplo, por hombres, y va a ser solucionado o mejor adquirido para ese sector. Actualmente, tenemos un grupo de Análisis de Justicia en Inteligencia Artificial porque nos interesan estos temas, hablar de diversidad desde adentro para que la creación de los algoritmos que generamos o implementamos sean justos también cuando son llevados a la sociedad. En términos muy generales, lo que buscamos es que el algoritmo no haga daño, que no sea discriminativo en términos étnicos, ni raciales ni de género. Que sea capaz de hacer su tarea, por ejemplo, detectar enfermedades pulmonares a partir de una imagen, sin importar el sexo o raza de la persona. Eso habla de un algoritmo justo o balanceado desde el punto de vista de la información demográfica de la población a la que se le brinda ese servicio de detección. Lo que pasa con los algoritmos es que ponen en evidencia o potencian lo que la sociedad ya es, porque están construidos con bases de datos que adquirieron personas. La inteligencia artificial replica los sesgos sexistas y raciales porque los hereda. Y los potencia mucho más porque tiene la capacidad de hacerlo más rápido o más evidente.

 

¿Cómo fue comenzar una carrera de Ingeniería donde las mujeres suelen ser minoría?  
A mí nunca me importó que fuésemos muchas o pocas mujeres. Bioingeniería tiene un muy buen balance, cuando ingresé éramos 20 de 100, ahora podríamos decir que hay 40/60. Jamás sentí que ese espacio no era mío. Nunca hubo hombres por un lado, mujeres por el otro, la cosa era mixta. También tenía profesores y profesoras. Pero cuando empecé el doctorado sí era la única mujer en todo el instituto y eso fue difícil, me costó más de lo que pensé. Ahora está muchísimo más de moda hablar de inteligencia artificial. Antes, cuando decidí dedicarme a ésto, a mis 22 años, la mayoría de mis compañeras decidieron hacer ventas, capacitación, irse a Buenos Aires, a las ciudades grandes. Pero hay un motivo por el que no lo elegíamos y es que no hay referentes mujeres. Las mujeres que nos daban clases no hacían machine learning, hacían otras cosas o se dedicaban al área clínica.

 

¿Cuáles creés que deberían ser las características de una persona líder en tecnología?
Es necesario tener muchas ganas porque a veces esto es muy duro. Es una actividad que tiene muchas etapas de frustración, la mayoría de las veces nos dicen “no”, “rechazado”, “ésto no se puede”, “no anda”, “se rompió”. Entonces hay que tener mucha capacidad de aceptación al fracaso y de levantarse y ser resiliente, pensar: “¿Qué hice mal?” Y volver a empezar. Y lo que te da esas ganas es que lo que estás haciendo te guste, entonces el principal motor de tus días tiene que ser tu deseo, tu investigación, lo que lleves a cabo. Hay que ser apasionados. Se cree que una no puede tener una familia siendo científica porque no te dan los tiempos. Hacer una tesis doctoral es como criar un hijo porque le dedicás todo el día, fines de semana y feriados. Es cierto, no lo voy a negar, pero podemos tener la capacidad de organizarnos, ir al gimnasio, comer sano, cocinar, también tener hijos. Se puede y eso es por las ganas. Yo no soy muy inteligente, hay mucha gente más inteligente que yo, ¡pero tengo unas ganas! También es importante tener buenos mentores, ya sea tu director, un compañero, porque necesitamos ambientes propicios de crecimiento.

 

¿Qué pueden hacer las mujeres que se dedican a disciplinas STEAM para que más chicas consideren estas carreras como opciones válidas y accesibles para ellas?
Las mujeres en ciencia podemos dar charlas en la facultad, mostrar que somos personas que también tienen su vida personal. Contar que nos dedicamos a hacer ciencia de la mejor manera que podemos, que es algo real que hacemos desde lo que nos apasiona, descubriendo y errando muchas veces. Las mujeres que nos dedicamos a estas disciplinas podemos compartir nuestras historias, lo que nos motivó, dónde y cómo encontramos nuestro espacio. Para mí es importante mostrar que somos seres humanos normales que nos juntamos el fin de semana con amigos, al igual que todos, no somos nerds encerrados con guardapolvos, como muestran los dibujitos. Me gusta la ropa, me maquillo, hay que cortar con los estereotipos. Ojalá haya personas trans trabajando en ciencia porque honestamente me parece que no hay. No se trata de cómo te vestís, o cómo sos, se trata de que hacés lo que te gusta. También es importante mostrar que hay posibilidades, porque muchas personas no conocen las formas en que podemos hacer ciencia en Argentina. Nuestro trabajo es muy colaborativo y depende mucho de cómo te vas relacionando, eso hace a la inspiración y a las posibilidades. Yo fui seis meses a Suiza porque me gané una beca de intercambio doctoral. Nunca me postulaba a congresos importantes, porque los consideraba imposibles de pagar, pero hay becas para eso. Y actualmente la diversidad está cobrando importancia en muchos aspectos en estas disciplinas y hay becas para mujeres y otras minorías que trabajan en machine learning. Quienes no tendríamos la posibilidad económica de participar de esos congresos, vamos becados. Eso es algo que tampoco se conoce y es importante comunicar que se puede. No porque seas latina o mujer no vas a poder participar.

* Victoria Peterson
Bioingeniera (Universidad Nacional de Entre Ríos, 2013) y doctora en Ingeniería. Realizó sus estudios doctorales gracias a una beca doctoral del CONICET en el Instituto de Señales Sistemas e Inteligencia Computacional, sinc(i)-UNL-CONICET. Se unió al Instituto de Matemática Aplicada del Litoral, IMAL-CONICET-UNL en 2019. Actualmente, tiene una posición postdoctoral en el Brain Modulation Lab, Massachusetts General Hospital, Harvard Medical School, Boston, USA. En 2021 ha sido designada para su ingreso como Investigadora Asistente a la Carrera de Investigador Científico y Tecnológico del CONICET. Sus temas de investigación intersectan la inteligencia artificial con la bioingeniería en el desarrollo de algoritmos de aprendizaje automático para la decodificación de la actividad cerebral con aplicaciones médicas.