A través del programa “Educación y tecnología: herramientas para una enseñanza inclusiva”, más de 150 docentes y profesionales de la educación de distintas regiones del país incorporaron herramientas para identificar sesgos, revisar prácticas pedagógicas y promover experiencias de aprendizaje más inclusivas en áreas STEM. Con participantes de 20 provincias, la propuesta combinó formación, reflexión y herramientas concretas para llevar estos aprendizajes a las aulas.
La inteligencia artificial, la robótica y las nuevas tecnologías están transformando la manera en que aprendemos, trabajamos y producimos conocimiento. Frente a estos cambios, la escuela tiene un desafío central: acompañar a las nuevas generaciones para que no solo puedan utilizar estas tecnologías, sino también comprenderlas, crearlas y participar activamente en los espacios donde se toman decisiones sobre su desarrollo.
Pero para que esto sea posible, también es necesario acompañar a quienes están en las aulas.
Por eso, desde Chicas en Tecnología desarrollamos el programa de formación docente “Educación y tecnología: herramientas para una enseñanza inclusiva”, una propuesta orientada a educadores y profesionales vinculados a la educación de todo el país.
Formar a quienes enseñan para transformar las oportunidades
Las desigualdades en STEM no comienzan cuando una persona elige una carrera universitaria. Se construyen mucho antes, a través de experiencias, expectativas y mensajes que pueden influir en la manera en que niñas, adolescentes y jóvenes se vinculan con la tecnología.
Los estereotipos de género, los sesgos (incluso aquellos que no reconocemos conscientemente) y determinadas prácticas educativas pueden incidir en la confianza, la participación y las decisiones que toman las estudiantes respecto de su futuro.
Por eso, trabajar por una educación STEM más equitativa también implica revisar qué sucede dentro de los espacios educativos y brindar a quienes enseñan herramientas concretas para transformarlos.
Durante la formación, las y los participantes pudieron reflexionar sobre cómo los estereotipos y sesgos de género se reproducen en las instituciones educativas y cómo pueden aparecer en distintos aspectos de la experiencia escolar: desde los materiales y el currículum hasta las formas de evaluar y las percepciones sobre las capacidades de las y los estudiantes.
El objetivo no fue solamente incorporar conceptos, sino llevar la reflexión a la práctica: revisar las propias experiencias, identificar oportunidades de mejora y diseñar propuestas educativas que contribuyan a enriquecer las trayectorias de las estudiantes.
Una propuesta que combina formación, práctica y comunidad
El programa se desarrolló a través de distintas instancias complementarias.
En primer lugar, las y los participantes realizaron un curso virtual asincrónico y autogestionado, que se extendió durante un mes en el Campus Virtual de Chicas en Tecnología. A lo largo del recorrido, trabajaron sobre estereotipos y sesgos de género en STEM y desarrollaron herramientas para promover prácticas educativas más inclusivas, con acompañamiento tutorial a través del campus y del correo electrónico.
Luego, quienes participaron del curso fueron parte del seminario virtual nacional “De la formación a la práctica: diseñando propuestas educativas con IA”, realizado el 16 de julio. El encuentro permitió profundizar sobre inteligencia artificial y prácticas de enseñanza, explorar aplicaciones de IA para el diseño de secuencias de aprendizaje y trabajar en grupos en la co-creación de actividades de enseñanza con IA.
Así, la propuesta buscó conectar tres dimensiones: aprender, reflexionar y hacer.
Porque transformar las prácticas educativas también requiere generar espacios donde quienes enseñan puedan encontrarse, compartir desafíos y aprender de otras experiencias.
La participación de docentes de 20 provincias argentinas permitió ampliar esa conversación y construir una comunidad diversa, integrada por docentes de distintos niveles, equipos directivos y coordinadores pedagógicos, tutores y facilitadores, formadores y educadores de espacios de educación no formal, entre otros perfiles vinculados al ámbito educativo.
De la reflexión a las aulas
Uno de los desafíos de cualquier formación docente es que los aprendizajes puedan trascender el espacio de capacitación y llegar efectivamente a las aulas.
En esta experiencia, los resultados muestran que ese pasaje comenzó a suceder. El 88,8% de las personas participantes manifestó que la formación las llevó a reflexionar críticamente sobre su propia práctica.
Y algunas de las experiencias compartidas permiten ver con claridad qué significa esa reflexión en situaciones concretas.
Durante una de las actividades de co-creación, una docente revisó los personajes de un material educativo que había creado y detectó un sesgo que hasta ese momento no había advertido:
“Nacho juega videojuegos y quiere crear su propio juego (programación), mientras que Sofía quiere ser diseñadora web y crea videos (lo creativo/estético). Sin proponérmelo, reproduzco el patrón ‘varón = programación / mujer = diseño’”.
La observación muestra que los sesgos no siempre aparecen de manera evidente o intencional. Pueden estar presentes en decisiones cotidianas, en los ejemplos que elegimos, en los personajes que construimos o en las expectativas que transmitimos. Reconocerlos es un primer paso para poder transformarlos.
Otra participante contó cómo llevó los aprendizajes del curso a una propuesta de literatura. Después de analizar El almohadón de plumas, de Horacio Quiroga, identificó una oportunidad que antes había pasado por alto: trabajar junto a sus estudiantes las representaciones sobre las mujeres y la ciencia presentes en el texto. A partir de esa reflexión, encontró nuevos recursos para abordar el tema, como Las emocionantes aventuras de Lovelace y Babbage, de Sydney Padua, que combina historia, ciencia y ficción alrededor de Ada Lovelace y Charles Babbage.
Son estos cruces entre formación y práctica los que permiten que una capacitación se convierta en una oportunidad de transformación dentro del aula.
Una experiencia valorada por quienes participaron
La respuesta de quienes participaron también refleja el valor que tuvo la propuesta.
The 82,6% calificó la experiencia global con 9 o 10 sobre 10. Además, el 93% manifestó interés en participar de futuras propuestas de Chicas en Tecnología.
Los testimonios recuperados durante y después de la formación destacan especialmente la calidad de los materiales, la claridad de los contenidos y el acompañamiento durante el proceso.
“Me encantó la propuesta, el campus y la calidad de los materiales didácticos compartidos. Deseo que sea el inicio para continuar mi capacitación profesional con ustedes. Gracias por el espacio de reflexión, fue un recorrido muy valioso.”
Para otras participantes, el acompañamiento fue clave para sostener el proceso:
“Me gustó un montón el programa y el seguimiento durante la cursada me ayudó a no perder continuidad.”
Estas devoluciones muestran que formar también implica acompañar: ofrecer contenidos de calidad, generar espacios de intercambio y sostener a quienes participan para que puedan apropiarse de nuevas herramientas y llevarlas a sus contextos.
La transformación también empieza en quienes enseñan
Desde Chicas en Tecnología trabajamos para que más jóvenes puedan acercarse a la tecnología como un espacio de creación, participación y transformación social. Para alcanzar ese objetivo, creemos que es fundamental trabajar no solo con las jóvenes, sino también con los ecosistemas que las acompañan.
Una educación STEM inclusiva necesita docentes con herramientas para reconocer las barreras, cuestionar los sesgos y generar nuevas oportunidades.
La experiencia de esta formación nos confirma la importancia de seguir construyendo esos espacios: acompañar a quienes enseñan, conectar experiencias de distintas regiones y acercar herramientas que puedan convertirse en nuevas prácticas dentro y fuera del aula.
Porque transformar la educación también es transformar las posibilidades de futuro.
Y cuando quienes enseñan cuentan con nuevas herramientas para hacerlo, cada aula puede convertirse en un espacio donde más jóvenes encuentren la confianza y las oportunidades para imaginarse creando tecnología.



