Más de 50 años pasaron desde que la humanidad orbitó la Luna por primera vez, y más de 60 desde el primer vuelo espacial tripulado. En ese tiempo, todo cambió: la tecnología, la infraestructura y nuestra forma de pensar el espacio.
Lanzamos cientos de cohetes, construimos la Estación Espacial Internacional (que hoy sigue orbitando) y convertimos el espacio en un laboratorio vivo, habitado durante meses por personas que dedicaron su vida a la investigación.
Pero no solo cambió la tecnología, también cambiamos nosotras. Nuestro rol evolucionó: dejamos de ocupar únicamente espacios administrativos o de cálculo para pasar a tomar decisiones, liderar equipos y desempeñar funciones críticas en misiones espaciales. Hoy somos también quienes orbitamos esa Luna que, aunque a veces parezca lejana, está más cerca de lo que creemos.
¿Qué te parece si orbitamos, entonces, alrededor de las mujeres que forman parte de una misión tan importante como Artemis II, marcando el regreso de la humanidad a la Luna?
Desde 2022, el programa Artemis dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. A lo largo de distintas etapas, busca establecer una presencia humana sostenida en nuestro satélite natural. Artemis I demostró que la arquitectura de la misión era viable. Pero fue Artemis II, lanzada en marzo de 2026, la que volvió a captar la atención del mundo: por primera vez en este programa, una tripulación viajó a bordo de la capsula Orion para orbitar la Luna y regresar de forma segura, evocando los históricos vuelos del programa Apollo.
Sin embargo, esta misión no se destacó sólo por sus avances tecnológicos, sus imágenes o el impacto en una nueva generación. También marcó un antes y un después en términos de representación. Por primera vez, una persona afrodescendiente y una mujer formaron parte de una tripulación que orbitó la Luna. Un hito social que amplía quiénes pueden verse reflejados en la exploración espacial.
Christina Koch fue una de las astronautas y especialistas de misión en este viaje, representando a millones de mujeres en todo el mundo. Pero detrás de ella hay cientos que hacen posible cada paso de estas misiones. Mujeres como Kathy Lueders, quien lideró gran parte de la arquitectura del programa; Lisa Watson-Morgan, responsable del sistema de alunizaje humano; y Vanessa Wyche, directora del centro donde se entrenan astronautas y se gestionan las operaciones, también forman parte de este camino.
Y, más cerca nuestro, mujeres profesionales y estudiantes argentinas que participaron en el desarrollo del satélite nacional Atenea, que acompañó a Artemis II, demostrando que Argentina y Latinoamérica también tienen un rol activo en esta nueva etapa de la exploración espacial. De los cuatro satélites enviados por distintos países (incluyendo Alemania y Corea del Sur), el argentino fue uno de los que funcionó correctamente, junto con el de Arabia Saudita.
Millones de personas en todo el mundo siguieron la misión a través de transmisiones en vivo y con experiencias en primera persona. En ese contexto, la divulgación por parte de profesionales con miradas diversas se vuelve clave para acompañar este momento histórico. “Hoy estamos siendo testigos del comienzo de una nueva etapa, y eso es lo que más me emociona: poder verlo pasar, entenderlo y contarlo, porque este tipo de momentos también necesitan nuevas voces que los acompañen”, expresó Melina Blanco, guía astronómica e integrante del proyecto Orbitar Argentina.
La exploración espacial ya no es solo una historia de avances tecnológicos, sino también de quiénes tienen la oportunidad de ser parte. Y cada vez que una mujer se suma, abre camino para muchas más. Tal vez la próxima misión no solo nos acerque a la Luna, sino también a nuevas generaciones que se animen a imaginarse ahí.
Escribió: Delfina Moschela de la Comunidad CET
Edición: Chicas en Tecnología



