¿Quién imagina a una adolescente de una escuela secundaria pública de Buenos Aires o Córdoba diseñando un robot? Durante mucho tiempo, la robótica fue percibida como un campo reservado a ciertos perfiles: especialistas, universitarios, personas que ya “saben de tecnología”. Sin embargo, en Girls in Technology partimos de una premisa distinta: las vocaciones se construyen con oportunidades de exploración.
Desde esa convicción se diseñó FARO: Futuro y Acción en Robótica, un proyecto que llegó a escuelas secundarias públicas de CABA, Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario para acercar a adolescentes a un campo que suele presentarse como lejano y complejo, pero que puede ser concreto, creativo y transformador.
Durante las jornadas, las y los participantes tuvieron la posibilidad de conocer qué es la robótica, comprender cómo puede aplicarse para resolver problemas reales y, por primera vez, manipular un kit de robótica con sus propias manos. Esa última dimensión es central: no se trató de una charla sobre tecnología sino de una experiencia en la que la tecnología estuvo al alcance.

La robótica, como campo, tiene una característica particular: combina pensamiento lógico, diseño, resolución de problemas y trabajo colaborativo. Implica pensar cómo una herramienta puede responder a una necesidad, cómo un movimiento puede traducirse en código, cómo una idea abstracta se vuelve objeto. Por eso, cuando hablamos de acercar a las adolescentes a la robótica, no estamos hablando únicamente de orientación vocacional: estamos hablando también de ampliar las formas en que conciben su propia capacidad de intervenir en el mundo.
En este sentido, la elección del contexto importa. Las brechas en el acceso a la tecnología no son solo de género, también son territoriales y socioeconómicas. FARO buscó operar justamente ahí, en los espacios donde la exposición a estas disciplinas es más escasa y donde, por lo tanto, el impacto de una primera experiencia puede ser más significativo.
Porque muchas veces no se trata de falta de interés sino de falta de contacto. Las adolescentes que no crecieron rodeadas de tecnología, que no tienen referentes en el sector, que nunca vieron a alguien “como ellas” trabajando en robótica, difícilmente van a proyectarse en ese rol. FARO apunta a mostrar que la robótica también es un espacio para ellas, que pueden entenderla, manipularla y, eventualmente, elegirla.
El proyecto FARO no se plantea como un punto de llegada, sino como una primera puerta. Una que, para muchas de estas adolescentes, abre un recorrido que de otro modo quizás nunca hubiera comenzado.




